Dulce estrés


Has sido mi refugio, mi alimento, mi lluvia y el sol de mi horizonte.
Me he perdido gozosa en tus sentidos,
mi espacio era tu espacio y caíamos los dos cuerpos rendidos.
Me rendido a ti, tu prisionera he sido,
presa de tu boca, encadenada a tu piel.
He estado ausente, ausente de mí misma.
Perdida entre tus manos, el invierno se ha hecho cálida estación.
Cuanto estrés y presiones ajenas al saber que no tengo tiempo de nada..
de nada más que amarte.


Sintiéndonos


En los ojos marrones de tu luz embriagadora
brilla el reflejo de las velas encendidas, junto a tus pupilas dilatadas.
Recorre mi cuerpo tu mirada hipnotizadora,

te acercas más y más,
te noto y me notas.

Piel contra piel, desnudos sin ropa.
Mi nariz percibe la esencia aromática de tu olor,
el ambiente se calienta con música sin ritmo,
mientras aceites con esencia y misticismo
recorren mis senos, mi cuerpo...
¡qué caricias sin dejar tramo suelto!
Nos abrazamos con las piernas, ya que las manos andan ocupadas.
Me rodeas cada sentido de mi ser
mientras suplico que me llenes
dejando ese momento como el único del mundo.
Tiemblo y me estremezco, el placer entra y sale, se expande y se contrae.
Mi cuerpo escupe fuego
mientras la temperatura se eleva.
La habitación se queda pequeña.
Echo atrás mi melena leónida, cerramos la vista, extasiados,
y en un segundo más, todo acaba.
Tras el pleno trance orgásmico final, apresurado,
morimos y nacemos en un parpadear.